Vinos de altura, turismo y arraigo: el plan para potenciar el Valle Calchaquí tucumano

Ana Cristina Nores lidera la Ruta del Vino de Altura en el Valle Calchaquí tucumano, promoviendo el enoturismo, la identidad vitivinícola local y la articulación con otros atractivos turísticos de la región.

RamArd News · 19/06/2026 · min de lectura
Vinos de altura, turismo y arraigo: el plan para potenciar el Valle Calchaquí tucumano

Vinos de altura, turismo y arraigo: el plan para potenciar el Valle Calchaquí tucumano

Aunque parezca insólito, todavía hay tucumanos que no saben que en la provincia se produce vino. Cambiar esa percepción es parte del trabajo que asumió Ana Cristina Nores al ponerse al frente de la Ruta del Vino de Altura, un desafío que la llevó a pausar su carrera como periodista, formarse como sommelier y sumergirse en el mundo vitivinícola del Valle Calchaquí.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), Nores asegura que no se puede pensar el enoturismo sin conocer primero qué ocurre en los viñedos, en las bodegas y en toda la cadena productiva durante el año. Por eso decidió sumar formación específica y acompañar de cerca a productores que, en muchos casos, sostienen tradiciones familiares y comunitarias de larga data.

“Tomar a cargo el desarrollo de la Ruta del Vino de Altura fue un desafío y una gran responsabilidad”, señaló. Según explicó, el objetivo fue trabajar junto a las bodegas desde el Ente Tucumán Turismo y construir propuestas turísticas posibles, respetando la identidad de cada emprendimiento.

Para Nores, el vino tucumano tiene una identidad propia: intensidad, carácter y estructura. Esas características, dice, están marcadas por las condiciones extremas del Valle Calchaquí, donde la vid crece a más de 2.000 metros de altura, con mucho sol durante el día y frío durante la noche.

La funcionaria remarcó que el crecimiento de la Ruta del Vino también depende de la infraestructura y de la articulación con otros atractivos del Valle. En ese sentido, destacó la reconstrucción de la Ruta 307, desde Tafí del Valle hasta Colalao del Valle, como una obra clave para conectar bodegas, paisajes y experiencias turísticas.

La propuesta busca vincular el vino con otros productos y circuitos: los quesos de Tafí, el turismo arqueológico en la Ciudad Sagrada de los Quilmes, el turismo astronómico en Ampimpa, el turismo rural comunitario en Talapazo, El Pichao y Tiu Punco, y celebraciones como la Vendimia, el Inti Raymi y las ceremonias en honor a la Pachamama.

Nores reconoció que uno de los principales obstáculos es el contexto económico de la industria vitivinícola, atravesada por una caída en el consumo. Sin embargo, sostuvo que esa crisis también puede ser una oportunidad para posicionar al vino tucumano como una alternativa frente al predominio del vino mendocino.

“El año pasado presentamos la Ruta del Vino de Altura en la Exposición Rural de Buenos Aires y fue un éxito total. A los tres días nos quedamos sin stock”, recordó. Según contó, muchas personas se sorprendían al enterarse de que Tucumán produce vino, algo que también ocurre dentro de la provincia.

Por eso, insistió en que hace falta una fuerte tarea de promoción y educación. “Muchas veces nosotros mismos no sabemos lo que tenemos y, por ese motivo, tampoco lo valoramos”, afirmó.

De cara al futuro, el objetivo central será fortalecer la articulación público-privada para que más visitantes lleguen a la Ruta del Vino y, a través de ella, a todo el Valle Calchaquí. Tucumán, además, busca integrarse con Salta y Catamarca mediante corredores turísticos regionales, como el Valle Místico, que une el Valle Calchaquí con el Valle de Yokavil.

Nores también destacó el rol de las mujeres en el ecosistema vitivinícola tucumano. Según afirmó, en muchas bodegas son “la columna vertebral” de la producción, la comercialización y el turismo, además de quienes sostienen el legado familiar y comunitario.

Para la referente de la Ruta del Vino, el desafío no es competir copiando a otras regiones, sino defender una identidad propia. “Los vinos tucumanos son un fiel reflejo nuestro: tienen mucho carácter, estructura y sabor”, resumió.

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