jueves 18 de junio de 2026

Precios “estables” y platos vacíos en el Conurbano: el 77% de las familias resigna comer bien por falta de ingresos

Un informe del ISEPCI revela que el 77% de las familias del Conurbano resigna alimentos por falta de ingresos, pese a la desaceleración de la inflación. La inseguridad alimentaria se profundiza y afecta incluso a trabajadores registrados y jubilados.

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Precios “estables” y platos vacíos en el Conurbano: el 77% de las familias resigna comer bien por falta de ingresos

La desaceleración de la inflación en abril y mayo no logró traducirse en una mejora de las condiciones de vida de millones de familias bonaerenses. Mientras los precios mostraron una relativa estabilidad en los últimos 30 días, la inseguridad alimentaria continúa profundizándose en los barrios populares del Conurbano y del interior de la provincia de Buenos Aires. En concreto, ocho de cada 10 familias dejaron de consumir alimentos esenciales para la vida ante el impacto de la crisis.

Esa es la principal conclusión del último relevamiento realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), que advierte sobre un fenómeno cada vez más extendido: los hogares destinan una proporción creciente de sus ingresos a cubrir deudas y gastos básicos, mientras recortan el consumo de alimentos para llegar a fin de mes.

Precios más estables, pero sin alivio para las familias

Durante mayo, el Índice Barrial de Precios elaborado por ISEPCI registró una desaceleración en los aumentos de los alimentos respecto de los primeros meses del año. Sin embargo, el informe sostiene que la estabilidad de los precios no alcanza para revertir el deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los sectores populares.

Los alimentos esenciales apenas aumentaron un 1,52%. Sin embargo, debajo de esta aparente superficie de estabilidad, el entramado social revela una realidad dolorosa. La brutal caída del consumo y el fenómeno del endeudamiento doméstico están generando privaciones nutricionales severas en la población más vulnerable. Según el informe, una familia tipo necesitó $ 630.419,34 para cubrir la Canasta Básica de Alimentos (CBA) y $ 1.418.443,52 para la Canasta Básica Total (CBT).

La explicación es sencilla: aunque los incrementos mensuales son menores, los ingresos continúan corriendo detrás del costo de vida y el consumo de alimentos sigue ajustándose. Muchas familias ya no dejan de comprar productos por un aumento puntual, sino porque directamente carecen de recursos suficientes para sostener una alimentación adecuada.

El dato más alarmante: siete de cada diez familias resignan alimentos

La encuesta realizada por ISEPCI entre fines de mayo y principios de junio revela una situación crítica. El 77% de los hogares consultados reconoció haberse privado de consumir lácteos, carnes, verduras, frutas, cereales o legumbres por falta de dinero. Además, el 86% afirmó atravesar una situación de estrés económico permanente para llegar a fin de mes.

La inseguridad alimentaria ya no afecta únicamente a quienes están fuera del mercado laboral. El estudio advierte que alcanza también a trabajadores registrados, jubilados y familias que, pese a mantener alguna fuente de ingresos, no logran cubrir sus necesidades básicas.

En paralelo, distintos relevamientos sociales muestran que muchas familias redujeron la cantidad de comidas diarias o reemplazaron alimentos de mayor valor nutricional por opciones más económicas y menos saludables. El informe señaló que el 66% de los hogares tuvo que eliminar al menos una comida diaria por razones económicas.

Los alimentos que más aumentaron en 2026

Aunque mayo mostró una desaceleración respecto de meses anteriores, algunos productos acumulan incrementos significativos en lo que va del año y continúan presionando sobre el presupuesto familiar.

En lo que va el 2026, la leche (+25%), el azúcar (+16,67%), el pan (+15,38%), y las lentejas (+15,38%), aumentaron por encima del promedio de los incrementos de los productos del rubro almacén (+13,56%), según el relevamiento del Índice Barrial de precios. Mientras el yogurt (+13,33%) estuvo en el límite del mismo promedio.

En el rubro de verdulería algunos de los productos que son de los más utilizados en las comidas de las familias, como son la cebolla (+40%), acelga (+30%), papa (+30%) y manzanas (+16,67%). Según nuestro relevamiento de mayo, en los primeros cinco meses de 2026, el incremento promedio de ese sector llegó a 15,3%.

Al mismo tiempo, el promedio de incremento del rubro carnes desde diciembre 2025 es de 22%. Sin embargo, los cortes más baratos tuvieron subas por encima: Espinazo +32,7%; paleta +29,9%; hígado +25%; y carnaza 25%.

Claramente existe una relación directa entre el incremento de los precios de estos productos esenciales, por encima del promedio de cada rubro, y la imposibilidad de las familias de continuar adquiriéndolos en las cantidades mínimas necesarias. La pérdida de poder adquisitivo sin pausas en los ingresos de los trabajadores se traslada aceleradamente a un permanente deterioro de su calidad alimenticia, con las inevitables consecuencias negativas presentes y futuras.

Endeudamiento y alimentación

Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la relación directa entre el crecimiento del endeudamiento y el deterioro de la alimentación.

Cada vez más hogares recurren a préstamos, tarjetas de crédito, fiado o financiamiento informal para cubrir gastos corrientes. Como consecuencia, una parte creciente de los ingresos mensuales se destina al pago de cuotas y obligaciones financieras, dejando menos recursos disponibles para la compra de alimentos.

En muchos casos, la elección ya no pasa por qué productos comprar, sino por cuáles dejar de consumir. El ajuste se traslada a la mesa familiar y afecta especialmente a los sectores de menores ingresos.

La paradoja de la inflación que baja pero no mejora el consumo

El informe expone una de las principales contradicciones del momento económico actual. Mientras los indicadores oficiales muestran una desaceleración inflacionaria respecto de los picos registrados en años anteriores, el acceso a la alimentación continúa deteriorándose.

La estabilidad de precios aparece como una condición necesaria, pero insuficiente, para recuperar el consumo. Sin una mejora sostenida de los ingresos, millones de familias seguirán enfrentando dificultades para acceder a bienes esenciales.

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