La CGT buscará este miércoles reperfilarse tras un período de ausencia. Lo hará con la programación de un plan de lucha de baja intensidad y larga duración, una suerte de guerra de guerrillas light carente de un paro nacional, al menos en lo inmediato, pero plagado de microconflictividades encadenadas y coordinadas con el objeto de incordiar al Gobierno. La promesa: extender ese escenario hasta el final del mandato de Javier Milei.
Ese será el eje del encuentro que mantendrá desde las 11 el triunvirato de secretarios generales que componen Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello con los referentes de las confederaciones que nuclean a sindicatos por actividad. Entre ellas las del transporte (CATT y Ugatt), la industria (Csira), la energía (Catheda) o la alimentación (Casia) entre otras. Como novedad extra, la central obrera incluirá en la convocatoria a las dos versiones de la CTA (de los Trabajadores y Autónoma) para intentar un volumen mayor de las protestas.
En la “mesa chica” de la central explicaron que se trata de una estrategia diferente de la habitual para el sindicalismo argentino al no concentrar todo el esfuerzo en una sola acción sino desperdigar la potencialidad de daño geográfica y temporalmente. Para los dirigentes más maliciosos es un argumento elegante para postergar indefinidamente el llamado a un paro nacional de actividades. También para esta chicana el triunvirato tiene una respuesta: cualquier plan de lucha deberá concluir, necesariamente, en una huelga que podrá variar su duración de acuerdo al nivel de beligerancia con la administración de Javier Milei.
De concretarse la estrategia será una de las primeras veces que los sellos de actividades tendrán la oportunidad de sumar para un programa de acciones directas. Es que las confederaciones se erigieron en las últimas décadas como espacios de lobby y administración de intereses con cada gobierno de turno y la política en general. Por caso, uno de los conglomerados más visibles, la central de operarios fabriles Csira, amagó desde el arranque de la gestión de Milei con un paro propio sin concretarlo jamás y limitó su accionar a reuniones internas, elaboración y presentación de informes sectoriales y búsqueda de posicionamiento de sus referentes en la interna de la CGT.
La CATT fue otra confederación que prometía confrontar con los libertarios sobre todo porque el liderazgo recae sobre el camionero Hugo Moyano y sus delegados en ese sello. Pero lejos del Moyano que en los ‘90s protagonizó el Movimiento de Trabajadores de la Argentina (MTA) que rivalizó con Carlos Menem en su segundo mandato e incluso del que disputó con Cristina Fernández de Kirchner por Ganancias quince años atrás, la versión actual del dirigente lo recluyó en su propio sindicato, jaqueado por las deudas de la obra social que administra su esposa, Liliana Zulet.
La premisa de reiniciar el ciclo de confrontación con Milei generó sin embargo un entusiasmo original en varios de los convocados para este miércoles. Un referente de uno de los gremios industriales más reconocidos asumió que si se coordinan adecuadamente las acciones se podrá genera una presión efectiva sobre el Ejecutivo sin exponer de más a los trabajadores con una medida de fuerza de alcance nacional. De hecho ese argumento está presente en el triunvirato por el fantasma del último paro nacional, el 19 de febrero pasado, contra la reforma laboral que entonces trataba el Congreso. La adhesión limitada y el poco relieve de la protesta convenció a la “mesa chica” de la CGT de dejar como última opción esa salida.
El diseño del plan se acordará en el salón Felipe Vallese de la central obrera. Un dirigente explicó que la estrategia podrá consistir en asambleas, retención de tareas, trabajo a reglamento o incluso paros en una actividad, seguido de una medida similar o complementaria al día siguiente en otro rubro de la economía. Mencionó que un paro o protesta de los gremios del transporte podría incidir en la falta de insumos para la industria, siguiente actividad llamada a llevar a cabo otra acción.