Si no fuera por la novela de Adorni, Javier Milei estaría viviendo días de euforia. El Presidente cree que las novedades de los últimos días consolidan una plataforma que garantiza la estabilidad bastante más allá del Mundial de Fútbol, por lo menos hasta que empiece el año electoral. La euforia financiera que marca el descenso del riesgo país en torno a los 450 puntos -el nivel más bajo de los últimos 8 años- y el dato de una inflación que se ubica en torno al 2%, la menor en 8 meses, envuelven en optimismo a los incondicionales del Gobierno. Todo eso favorecido por la rendición de Donald Trump en el conflicto con Irán, que potencia el buen clima en el mercado global.
Sin embargo, Milei está furioso y no es solo por Adorni. Primero porque ve a una parte del poder económico que lo auspició en su camino al poder y ahora conspira contra su sobrevida política. En privado el presidente acusa a grandes medios de comunicación y a una facción del Círculo Rojo de jugar fuerte para forzar una devaluación. Milei se siente traicionado por el hiperactivo Domingo Cavallo, que insiste en que hay que liberar por completo los controles de capitales y dice que solo así el regreso del crédito en dólares puede reactivar la economía. Pero además de Cavallo, el ex empleado de Eduardo Eurnekian señala a una larga lista de conspiradores que lo quieren empujar a devaluar el tipo de cambio. En ese pelotón, Milei dispara contra Carlos Melconian, que viene de decir que el modelo de La Libertad Avanza solo beneficia al 20% de la población. La lista de Milei incluye a Paolo Rocca como líder en las sombras de la Unión Industrial Argentina, Roberto Cachanosvky -acusado de ser vocero de la Cámara de Construcción- y dirigentes políticos que forman parte del peronismo, en especial los más referenciados en Sergio Massa, que sigue sin hablar. Son demasiados enemigos, más todavía si se presume que están conectados con una ala de Comodoro Py que tiene en la mira el crecimiento patrimonial de Milei hnos. O con el sueño presidencial de Patricia Bullrich.
El problema de fondo es otro y, aunque pocos lo admitan en público, también preocupa a Milei. El Gobierno sabe que su plan económico es una máquina de expulsar argentinos fuera del sistema y su manual de instrucciones no tiene forma de incluirlos. Con la morosidad en niveles récord y más de 6 millones de personas con problemas para pagar sus deudas, Milei y Luis Caputo acaban de lanzar un nuevo intento que delata la desesperación de fondo: el regreso del crédito en dólares. Tal como reveló El Destape el fin de semana, en Economía admiten que Milei y Caputo violaron la sagrada independencia del Banco Central y obligaron a Santiago Bausili a firmar la comunicación “A” 8446, con la que no estaba de acuerdo. Es un punto de quiebre con la normativa que estaba escrita en piedra desde el estallido de 2001 porque permite que empresas que no generan dólares puedan acceder a los depósitos de los ahorristas si consiguen un aval de exportadores.
El objetivo del Gobierno no es solo cumplir con una demanda de los bancos: pretende que repunten la actividad inmobiliaria, la construcción y la venta de autos y maquinaria agrícola. Se acabaron los préstamos en pesos para millones de familias pero vuelven los créditos en dólares para grandes empresas, incluso las que no generan divisas. Es una variante -riesgosa- que ensaya el Gobierno para reanimar la actividad económica en sectores que vienen cayendo. La otra es la privatización de los Corredores Viales, algo que todavía no arranca. Son alternativas que activa la extrema derecha para ver si logran perforar el techo de los apoyos que tiene. Saben que defienden un modelo al que le sobran 30 millones de argentinos.
El problema quedó explicitado en las últimas horas con un hilo de Sebastian Galiani que compartían entre miembros del gabinete de Milei. Ex funcionario económico de Mauricio Macri, Galiani defendió el modelo de Milei y consideró que lo importante no es la caída de la industria sino la riqueza per cápita que se genera con el rumbo económico. Pero en ese mismo posteo, Galiani alertó sobre lo que considera un riesgo. “La verdadera enfermedad que debería preocuparnos no es la holandesa, sino la del populismo económico”. El ex secretario de Política Económica y viceministro de Hacienda entre enero de 2017 y junio de 2018, consideró que el mayor riesgo para Milei es que lo que denomina “la nueva riqueza” altere los equilibrios políticos y “genere demandas de redistribución o de políticas populistas si una parte importante de la población percibe que no participa de sus beneficios”. Es lo que viene pasando desde el inicio, pero que en el tercer año del experimento libertario queda más claro que nunca.
Según la consultora Equilibra, las reservas del Banco Central son negativas en 5630 millones de dólares y ni siquiera los viajes de argentinos al Mundial alteran la calma financiera. A eso se suma una inflación que parece haber dejado de subir. Sin embargo, en esencia el modelo es el mismo. En los términos de Galiani, millones de argentinos se dan cuenta de que no participan de los beneficios del boom exportador. Las dos escenas pueden convivir: un modelo estable -que no genera empleo ni mejora los ingresos- condena a las mayorías y las empuja a encontrar una alternativa que le ponga fin a Milei en 2027. La oposición tiene sus propios dilemas por resolver pero la dinámica de fondo es clara: el “éxito” del modelo Milei construye una mayoría en su contra.