Cada vez que Argentina disputa un Mundial, reaparece una hipótesis que circula en los pasillos del poder: un título de la Selección podría mejorar el humor social y, de rebote, beneficiar al gobierno de turno. En 2022, con Alberto Fernández en la Casa Rosada, esa idea también estuvo sobre la mesa. Ahora, con Javier Milei como presidente y el Mundial 2026 a punto de comenzar, la pregunta vuelve a hacerse.
La consultora Giacobbe publicó el Informe Especial Mundial 2026 y consultó si, en caso de que Argentina saliera campeón del mundo, eso favorecería a Milei en las elecciones. El 85,5% respondió que no, que la gente lo votaría igual. Solo el 10,1% consideró que sí, que un título le daría más votos al presidente. El 4,4% no supo o no contestó.
El rechazo a la idea de que el fútbol pueda influir en el voto es todavía más rotundo cuando la pregunta se hace en primera persona. Ante la consulta de si el triunfo de la Selección influiría en su propio voto, el 93,4% dijo que no, de ninguna manera. Solo el 3,9% respondió que sí votaría a Milei si Argentina salía campeón. El porcentaje es tan bajo que cae dentro del margen de error de la encuesta.
Un fenómeno que trasciende al gobierno actual
Lo que vuelve estos datos especialmente reveladores es la comparación histórica que ofrece el mismo informe. En diciembre de 2022, con el título de Qatar reciente y Alberto Fernández en el poder, Giacobbe realizó una medición equivalente. En aquel momento, el 19,9% de los encuestados creía que el campeonato favorecería al entonces presidente. Hoy ese número bajó a 10,1% con Milei.
En términos del voto personal, la consistencia es llamativa: en 2022, el 6,2% dijo que el título cambiaría su voto. En 2026, ese porcentaje baja al 3,9%. La separación entre fútbol y política, lejos de crecer con el cambio de gobierno, se profundiza.
La conclusión es incómoda para cualquier gestión: ganar el Mundial no genera rédito electoral significativo. Los argentinos festejan con el gobierno de turno, pero no necesariamente lo premian en las urnas por eso.
La grieta no llega a la cancha
Un dato adicional del mismo informe refuerza esta lectura. Ante la pregunta de si los argentinos deberían aprovechar el Mundial para estar más unidos políticamente, el 71,5% respondió que no, que el fútbol no tiene nada que ver con la política. Solo el 27,3% vio en el torneo una oportunidad de unidad política.
En la misma línea, cuando se preguntó si los encuestados relacionaban a la Selección con algún espacio político, el 51,8% dijo que no la asocia con ningún partido ni coalición. El kirchnerismo y La Libertad Avanza empataron casi en las respuestas de quienes sí hacen alguna asociación: 6,3% y 5,8% respectivamente. El dato confirma que, en la percepción popular, la camiseta celeste y blanca no tiene color partidario.
El fútbol y la economía: dos mundos separados
La encuesta incluyó además una pregunta que pone a prueba las prioridades reales de los argentinos. Ante la opción de elegir entre que Argentina gane el Mundial pero la economía no mejore, o que la economía mejore pero a Argentina le vaya mal en el Mundial, el resultado fue ajustado pero elocuente: el 48,8% preferiría la mejora económica aunque eso implique una mala campaña mundialista, contra el 44,2% que elegiría el título aunque la situación económica permanezca igual.
La diferencia es pequeña —apenas 4,6 puntos dentro del margen de error— pero el hecho de que casi la mitad de los argentinos anteponga la economía al campeonato dice algo importante sobre el estado de ánimo del país. Las mujeres son más contundentes en esta dirección: el 47,7% prefiere la mejora económica, contra el 42,6% que optaría por el título.
El cuadro que emerge de este informe es claro: los argentinos viven el Mundial con una intensidad enorme, pero no lo confunden con la política. El fútbol ocupa su propio espacio emocional —separado, casi protegido— y la gran mayoría no está dispuesta a que un resultado deportivo, por más glorioso que sea, defina su comportamiento electoral.
Para Milei, como para cualquier presidente argentino que haya soñado con el impulso de una copa del mundo, el mensaje de las encuestas es el mismo: el título se festeja junto, pero el voto se decide por otras razones.