En mayo, el consumo per cápita de carne vacuna descendió a 47,5 kilos por habitante por año y marcó el registro más bajo de los últimos veinte años, según el último informe difundido por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). En términos absolutos, el mercado doméstico absorbió 106.710 toneladas menos que un año atrás. La caída coincide con una menor producción, exportaciones en crecimiento y una demanda interna debilitada.
CICCRA vinculó esa caída con el deterioro del ingreso disponible de los hogares frente al encarecimiento del producto. El informe señaló que “la caída del poder de compra que experimentaron las familias argentinas, a raíz de la significativa suba del precio relativo de la carne vacuna, se tradujo en una contracción de 11,1 por ciento anual del consumo aparente”.
La secuencia pone en evidencia uno de los efectos más visibles del esquema económico actual: una desaceleración de la inflación que convive con una recomposición desigual de precios y salarios. En ese contexto, la carne dejó de funcionar como consumo relativamente estable y comenzó a comportarse como un bien más sensible al ingreso.
El precio promedio de los cortes vacunos mostró una caída mensual de 0,7 por ciento y el asado retrocedió 1,6 por ciento respecto del mes anterior. Sin embargo, la corrección llegó después de un período de fuertes aumentos relativos que modificó hábitos de compra y sustituyó consumo hacia otras proteínas o directamente redujo el volumen adquirido.
El comportamiento del mercado también quedó condicionado por el lado de la oferta. La producción de carne vacuna acumuló una caída de 7,3 por ciento anual durante los primeros cinco meses del año. Se produjeron 1,168 millones de toneladas res con hueso equivalentes, unas 91.650 toneladas menos que en igual período de 2025.
Desde la cámara empresaria atribuyeron esa dinámica a una menor disponibilidad de hacienda para faena luego de varios años de liquidación del stock ganadero. El informe indicó que “en mayo la industria frigorífica vacuna registró nuevamente un bajísimo nivel de actividad, en un contexto dominado por la menor oferta de hacienda vacuna para enviar a faena, tras una fase de tres años de intensa liquidación de madres y de existencias en general”.
En el mismo período de cinco meses se faenaron 4,94 millones de cabezas, una caída interanual de 9,8 por ciento. CICCRA sostuvo que “fue el nivel de actividad sectorial más bajo de los últimos diez años”. Mientras el consumo interno retrocede, las exportaciones muestran otra dinámica. En los primeros cinco meses del año se exportaron 312.200 toneladas res con hueso, un crecimiento de 5,1 por ciento frente al mismo período del año anterior. El aumento estuvo explicado principalmente por la demanda estadounidense.
Ese movimiento coincide la desregulación del mercado cárnico y el acuerdo que amplió el cupo de exportación hacia Estados Unidos libre de aranceles hasta alcanzar 100 mil toneladas anuales. En abril, las ventas a ese destino crecieron 25 por ciento mensual y se triplicaron en términos interanuales hasta representar casi tres de cada diez toneladas exportadas. En paralelo, China —que continúa siendo el principal comprador— redujo sus adquisiciones. Según CICCRA, “en los restantes destinos principales las ventas experimentaron caídas muy significativas”, mientras que las colocaciones al mercado chino descendieron 35,8 por ciento mensual y 32 por ciento interanual en abril.