Abuso digital: 6 de cada 10 víctimas identifican como agresor a alguien de su propio entorno

Un estudio revela que el 60% de las agresiones digitales provienen de personas del entorno cercano de la víctima, como amigos, parejas o familiares. La Generación Z es la más afectada y las mujeres reportan mayor inseguridad en línea.

RamArd News · 19/06/2026 · min de lectura
Abuso digital: 6 de cada 10 víctimas identifican como agresor a alguien de su propio entorno

Abuso digital: 6 de cada 10 víctimas identifican como agresor a alguien de su propio entorno

El mito del acosador anónimo o el extraño que acecha desde las sombras de internet perdió terreno frente a una realidad mucho más cercana y preocupante. Según un nuevo informe, el abuso digital está profundamente arraigado en los vínculos personales.

Aunque el 40% de las agresiones provienen de desconocidos, el 60% restante es perpetrado por personas que la víctima conoce directamente. Los datos del estudio Invisible Control de Kaspersky desglosan un panorama inquietante sobre quiénes son los responsables del abuso facilitado por la tecnología: 6 de cada 10 víctimas identifican como agresor a alguien de su propio entorno.

Los amigos encabezan la lista de agresores conocidos con un 14,7%, seguidos por las parejas actuales (9,6%), compañeros de trabajo (7,9%), otros familiares (6,7%) y exparejas (5,8%).

El estudio destaca que este tipo de violencia a menudo surge en relaciones que deberían ofrecer seguridad y confianza. Además, advierte sobre un “ciclo de escalada”: quienes sufren abusos por parte de amigos o familiares tienen una probabilidad significativamente mayor de replicar esas mismas conductas abusivas hacia personas de esos mismos grupos, normalizando la violencia dentro del entorno social.

Una generación consciente pero vulnerable

La percepción del problema varía drásticamente según la edad. Mientras que el 81,2% de la Generación Z (personas nacidas desde mitad de la década del 90 hasta 2010) está familiarizada con el concepto de “abuso facilitado por la tecnología”, la cifra cae al 64,3% entre los Baby Boomers (nacidos en los 50 y 60). A pesar de su mayor conocimiento, los jóvenes de la Generación Z son quienes reportan los niveles más altos de abuso, con casi un 60% de ellos habiendo enfrentado al menos una forma de agresión digital en el último año.

Por otro lado, el género también da cuenta de una brecha más que evidente. El 62,5% de las mujeres manifestó sentirse insegura en línea, frente al 54,2% de los hombres. Además, más de la mitad de ellas (53,1%) admite falta de confianza al navegar por espacios digitales, lo que convierte a internet en un entorno de mayor estrés emocional y riesgo para el sexo femenino.

La normalización del daño: del bloqueo al “doxing”

Lo que muchos consideran una interacción digital común puede ser, en realidad, una forma de abuso. El estudio revela que casi el 45% de los encuestados admitió haber participado en conductas abusivas en los últimos 12 meses. Entre las acciones más frecuentes se encuentran:

  • Excluir o bloquear a alguien con la intención de causar daño (19,8%).
  • Participar en discusiones agresivas en chats grupales (19,5%).
  • El doxing (revelar información privada sin consentimiento) (8,5%).
  • El uso de herramientas financieras para monitorear y controlar a otra persona (8,4%).

El impacto invisible y el muro del silencio

Aunque el impacto psicológico (depresión, trauma y estrés) es reconocido por el 79,1% de las personas, existe una alarmante falta de conciencia sobre otras consecuencias. Solo la mitad de los encuestados vincula el abuso digital con daños económicos (54,4%) o con la posibilidad de que la violencia escale al plano físico (51,3%). En países como Colombia y México, la percepción de estos riesgos es incluso menor que el promedio global.

Este desconocimiento se traduce en inacción. El 22,3% de las víctimas no hizo nada ante el abuso, una cifra que asciende al 36,6% entre los Baby Boomers. Las respuestas institucionales son mínimas: menos del 14% denunció ante la policía y apenas un 2% buscó ayuda en líneas de asistencia especializada.

Incluso los testigos suelen paralizarse. El 12,3% de quienes presenciaron abusos contra conocidos no intervino, principalmente por no saber cómo ayudar o por dudar si su intervención sería apropiada.

Un llamado a la responsabilidad compartida

El informe concluye que la solución no puede recaer solo en el individuo. El 41,6% de los encuestados considera que el abuso digital es un problema social que requiere conciencia colectiva, mientras que un 40% señala a los gobiernos como los responsables de crear regulaciones y asegurar su cumplimiento.

Para revertir esta tendencia, los expertos recomiendan reconocer las señales tempranas (como el monitoreo constante), proteger la privacidad digital mediante autenticación de dos factores y, sobre todo, no normalizar conductas de control que, aunque digitales, tienen consecuencias devastadoras en el mundo real.

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